¿Quién hace la Constitución?

¿Quién hace la Constitución?

El debate sobre la reforma política de la Ciudad de México se ha vuelto hasta cierto punto circular y ocioso: que si somos el estado 32, que si las delegaciones se convertirán en municipios, que si seguiremos siendo la sede de los poderes federales, que si el jefe de Gobierno nombrará libremente al jefe de la policía y al procurador, que si la Asamblea Legislativa aprobará la deuda, etcétera. En resumen, en los últimos años los planteamientos de reforma se han concentrado en saldar la deuda histórica que hacen de la ciudad una excepción por sus desventajas frente al resto de las entidades federativas y en eliminar los últimos rasgos de subordinación que existen de cara al poder federal. Así, la reforma política se ha mantenido como una agenda que, aunque de gran relevancia, está más en la mente de la clase política que en el interés de la gente.

Lograr la autonomía plena de la ciudad tendrá como consecuencia que, al igual que en todos los estados del país, podamos tener nuestra propia Constitución. Y ésa se puede convertir en una de las grandes causas de participación y movilización social. Las constituciones siempre representan momentos históricos para las sociedades.  La imagen fundacional de nuestra nación es el águila sobre el nopal devorando a la serpiente, la fundación de esta ciudad, México Tenochtitlán. La posibilidad de que en pleno siglo XXI podamos impulsar y vivir un nuevo momento fundacional, resulta más que fascinante. Imaginar cómo debería de ser este capítulo no es tarea sencilla. Estamos ante un hecho inédito en la historia de nuestro país, uno de los viejos anhelos de varias generaciones que la nuestra puede cumplir.

El referente histórico obligado para la Ciudad de México es el de las constituciones de los estados. La gran mayoría de ellas —26— data del periodo de 1917-1921; entonces, el jefe del Ejército Constitucionalista y encargado del Poder Ejecutivo, Venustiano Carranza, tenía facultades para convocar elecciones a gobernador y congresos constituyentes en los estados que se iban pacificando. Las últimas dos experiencias que hemos tenido de congresos constituyentes datan de 1974, cuando el Congreso de la Unión aprobó la incorporación de los territorios de Baja California Sur y Quintana Roo a la federación. Como primer paso de este proceso, el Senado eligió dentro de ternas presentadas por el Presidente de la República a gobernadores provisionales, a fin de que éstos convocaran a elecciones para integrar las legislaturas constituyentes locales. El número de diputados constituyentes y la fecha para elegirlos fueron determinados por el Congreso de la Unión. Los gobernadores provisionales duraron en el mandato hasta que se tuvieron a los nuevos gobernadores electos, bajo su propia Constitución.

Para el caso de nuestra reforma política, el Congreso de la Unión tendrá que incorporar dentro de la modificación constitucional una disposición especial que determine las características que deberá tener el Congreso Constituyente de la Ciudad de México: ¿Quién haría la Constitución de la Ciudad de México? ¿Quién convocaría a esa tarea? ¿A quiénes y cuántos? ¿Qué representatividad tendrían? ¿Qué atribuciones se les darían? ¿Cómo se discutiría el texto? ¿Quién lo aprobaría? ¿La ALDF o toda la ciudadanía en un referéndum? ¿Cuándo arrancaría este proceso y qué plazos tendría?

A diferencia de los procesos de Quintana Roo y Baja California Sur, aquí ya tenemos autoridades y poderes constituidos, por lo que la nueva Carta Magna sólo tendrá que reconocerlos, lo mismo en materia de derechos y libertades que hemos adquirido en los últimos años. De lo que sí podemos estar seguros es que la comunidad política que vive en la capital de la República, reclamará el derecho que ya tiene y ejerce de manera plena, a participar de manera creciente en muchas de las decisiones en torno a la ciudad.

Una Constitución en la era de la información podría ampliar el concepto tradicional del congreso constituyente, para dar paso a la primera comunidad constituyente en las redes sociales. Cada ciudadano, un constituyente. ¿Es posible pensar que se pueda construir entre todos el texto constitucional de la Ciudad de México?  Ése es el reto del proyecto wikiconstitucion.mx. Ser constituyente es ser ciudadano consciente.

Columnista: Mario DelgadoVideo: Send to NewsML Feed: 0

Ir a la fuente original » Excelsior - 2013-07-20

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